La Ley Federal de Protección al Consumidor es de observancia en toda la República y sus disposiciones son irrenunciables: un aviso que diga “no hay devoluciones” o una cláusula del contrato no pueden quitarte los derechos que la ley reconoce.
La ley protege relaciones de consumo: alguien que compra o usa un bien o servicio como destinatario final frente a un proveedor que se dedica a ofrecerlo. Por eso importa distinguir entre comprarle a un negocio y comprarle a un particular, y entre un problema de consumo, un cargo bancario no reconocido y un posible delito. Las guías de esta materia empiezan por esa distinción.